Verlos hoy es explorar esta cascada emocional. Un más allá de clases o apellidos. Un flujo certero magnamente erosiona las cercas humanas que alguna vez existieron. Si las voces insisten que despedir es diario, es porque no han comprendido lo que es la promoción.
Si dependió de nosotros hacernos conocidos, dependerá de nosotros mantenernos unidos y para mí -y yo sé que para todos ustedes- esta promoción no termina aquí. Andemos adelante y probemos a la gente que en este mundo ancho y ajeno, hay ciertas cosas que no acaban y sin embargo, valen la pena.
El porvenir diferente podrá separarnos en distancia. Miles de millas, países y continentes, pero un lazo, una cadena intangible, un vínculo igual o mayor a la sangre, nos empalma. Un abrazo, un saludo, una fiesta, un baile, un gesto de promoción, eso, sin duda, es infinito.
Condensar una vida en el colegio es quizás una tarea inmensurable. Tal sería el caso, que ni enciclopedias enteras compendiarían este sentimiento. Cada cual pasó por sus adversidades, cada quien con su historia, pero más importante, nuestra historia. Qué sería dejar atrás el conocido sandbox, allá en Kinder, donde labramos imaginación, donde ensuciarte dejaba de ser martirio y donde el agua y la arena formaban castillos. Tambopata, latasa inmensa por un lugar donde dormir, aproximadamente 50 km de jungla para encontrar algo así como una gran tabla de madera y desayunar un buen quacker en la selva. Y para no entrar en redundancias, llegó lo que casi no llega: el viaje de prom: Punta Cana, el sunrise caribeño, el amanecer, ocean blue, arena y mar.
Fuimos jóvenes testigos de grandes cambios, del fin de las loncheras y de la apertura del comedor, de la angustia de nuestras familias al irnos por primera vez de viaje a la costa, sierra y selva; de sus bravas arengas en cada Sports Day, de todo lo que ayer pareció tan lejano y hoy, tan presente.
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Verlos hoy, es decir gracias, gracias al colegio, a nuestros padres y a nuestros profesores. Gracias a nosotros, por apoyarnos mutuamente, gracias a los que llegaron, por conocernos y dejarse conocer, es como si hubieran estado desde siempre. Gracias a los que volvieron, con el carisma y la sonrisa en nuestras memorias, porque el anhelo de su regreso jamás se apagó. Gracias a los que ya no están, porque están en nuestros corazones; sea donde sea, nos veremos. Gracias a cada uno de ustedes, por cada momento, por cada instante bello, por cada suspiro, por cada lágrima, por cada grito, por cada chiste, por cada salida, por cada manía. Gracias, muchas gracias por ser parte de la prom.
Como diría el poeta Quevedo “Los amigos han de ser como la sangre, que acude a la herida sin esperar que la llamen” Jamás caerá en duda lo dicho. Por ende, adelante Promoción XXII. |